El concepto de neutralidad tecnológica aplicado a Internet no está solamente circunscrito al destino que dan los usuarios a su ancho de banda, el tema transita por una esfera muy superior.

Si algunos recuerdan la época de los noventas en lo que a la red se refiere, hubo un gran auge de micro empresas que rompieron con el estatus de micro al poder utilizar la red como fuente de negocios. Incluso vendría el boom de las .COM, destruido finalmente por la falta de liquidez de dichas empresas.

Debemos entender que Internet genera espacios para la Innovación y el emprendimiento en cuanto es un medio barato, masivo y no centralizado que nos permite posicionar nuestros productos – en un concepto amplio – en cualquier parte del mundo. El planeta es nuestro mercado.

¿Que importa la Neutralidad en todo esto?

Una Internet libre nos permite innovar, nos da igualdad de oportunidades que en la vida civil común no podemos aspirar, desde superar las trabas físicas, hasta la falta de capital para iniciar tu negocio. Si terceras entidades son capaces de intervenir en como se genera esta dinámica, simplemente estarán destruyendo la arquitectura que ha moldeado los nuevos negocios del Siglo XXI.

El problema de la neutralidad es fuerte en cuanto la cadena de afectados por la neutralidad o la falta de esta es sumamente amplia.

Antes de analizar este problema, debemos conocer quienes son los actores de este mercado. Por un lado tenemos a los proveedores de contenido, lamentablemente la mayoría de los grandes proveedores de contenido se encuentran fuera de nuestro país, hablemos de Google, Amazon, Microsoft, etc. En Chile tenemos proveedores de contenido básicamente en el área de la información, es así como algunos sitios de estadística reportan que las páginas Chilenas más visitadas por nuestros compatriotas son precisamente aquellas que pertenecen a medios de prensa tradicional.

Otros de los actores en esta obra son los Proveedores de conexiones Backbone, quienes son básicamente, aquellos que sustentan la “carretera” por donde fluye la red. Los proveedores de Backbone son los “ISP de los ISP”.

En el otro extremo de la linea, tenemos tanto a los Proveedores de Acceso a Internet como a los consumidores finales que somos todos nosotros.

Reunidos todos en la juguera de la red, la pregunta de rigor es ¿quien paga por todo esto?.

Tradicionalmente, los proveedores de contenido se caracterizan por un elevado consumo de ancho de banda a nivel mundial, las conexiones que realizan a diario no se miden en Megas, ni Gigas, sino en Terabytes (o mucho más). A su vez, ellos obviamente pagan a los proveedores por tener acceso a estos enlaces. Por otro lado, los consumidores desean tener acceso a los contenidos y servicios que están disponibles en la red. Para eso, los consumidores pagan a los ISP por dicho acceso.

Para que los ISP puedan prestar este acceso a los consumidores, ellos deben comprar banda a los proveedores Backbone, en estos casos, los ISP dividirán el enlace comprado entre todos sus clientes y segmentarán el consumo dependiendo de que tarifas se apliquen a los distintos consumidores.

En Chile, así como en el resto del mundo, los planes de Internet tienen una tarifa plana, la publicidad y los contratos establecen que los consumidores podrán gozar de conexiones permanentes – o semi permanentes en el caso de las lineas ADSL – y que, independiente de cuantas horas al mes pasen conectados a la red, la factura siempre será lo mismo.

El problema de fondo está en el derecho que tienen los usuarios de utilizar el enlace contratado en lo que ellos deseen, ya sea simplemente navegar, leer el diario y ver el correo, como hablar por skype, ver tv en linea, o descargar archivos desde los computadores de otros usuarios. Esta misma libertad se aplica a los proveedores de contenido, en cuanto ellos podrán entregar sus servicios a cualquier persona que así lo solicite, sin que pueda mediar discriminación en cuanto a que público podrán acceder y a cual no.

Sin embargo, la ecuación se ve profundamente alterada cuando los proveedores de acceso a Internet realizan actividades orientadas a degradar la calidad del acceso de los usuarios a los contenidos o servicios. Las motivaciones pueden ser muchas, pero la principal, es la rentabilidad de su negocio.

Como el “recurso” de enlace internacional es caro, los ISP aplican políticas de gestión al tráfico ‘pesado’ o ‘menos relevante’ bajo sus ojos, lo cual permite obtener una capacidad ociosa de enlace para poder re-vender a otros clientes.

¿El problema?

La piedra de tope en todo esto, es que quienes contratamos acceso a Internet, pagamos una tarifa por X velocidad máxima de conexión, sin embargo, es técnicamente imposible alcanzarla durante gran parte del día dado que los proveedores han desplegado estas políticas de gestión para garantizar su capacidad ociosa y su capacidad de re-venta.

Además, los proveedores de contenido que NO comulgan con dichas prácticas de gestión, se ven perjudicados ya que la calidad de sus contenidos o servicios se ve deteriorada por la decisión arbitraria de los ISP.

Esta es la gran clave que explica la importancia de contar con una red neutral, parcialmente garantizada por la Ley de Neutralidad chilena, pero que de nada sirve si el fiscalizador y los usuarios no ejercen sus derechos para frenar este tipo de comportamientos.

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